Por David BM
Esta mañana, el número 10 de la calle Bidebarrieta en el Casco Viejo ha sido escenario de un nuevo desahucio ejecutado entre cargas policiales y gritos de rabia. Miguel, Rosario y sus cuatro hijos menores de edad han sido desalojados de la vivienda en la que llevaban tres años viviendo. La propiedad del piso es de ALOKABIDE, la sociedad pública vasca que, en teoría, debe gestionar y movilizar vivienda para uso social. Hoy, lo único movilizado ha sido el miedo y la desesperación.
Convocadas por el Sindicato de Vivienda AZET, decenas de personas acudieron a intentar frenar el desahucio. La respuesta: cargas de la Ertzaintza con porrazos, patadas y golpes, un saldo de 12 personas identificadas y una familia rota ante la puerta cerrada de lo que hasta esta mañana era su hogar.
“Una vez más, las instituciones públicas criminalizan la pobreza y expulsan a una familia a la calle, dejando tras de sí un piso vacío”, denunciaban las personas concentradas. La situación de vulnerabilidad de la familia había sido acreditada por los servicios sociales. Incluso, en ocasiones anteriores, se les había concedido una moratoria que logró frenar el desalojo. Pero esta vez, ni el recurso judicial pendiente ha bastado: el desahucio se ejecutó sin esperar la resolución del proceso.





Alternativa habitacional: un hostal y la incertidumbre
Desde AZET lo tienen claro: “Un hostel no es lugar para criar menores ni es alternativa para nadie”. Señalan que ni los servicios sociales ni las instituciones municipales ni autonómicas han querido ofrecer una salida real. Las reuniones, dicen, se han saldado con puertas cerradas y oídos sordos.
«Hemos entrado a Acción Social para exigir una alternativa para la familia, pero sus cargos políticos no han mostrado ninguna voluntad por reunirse. Gracias a la presión sindical, hemos conseguido forzar una reunión con Acción Social la próxima semana, pero somos conscientes de los límites que este tipo de reuniones presentan. Está en sus manos ofrecer una alternativa a la familia y mientras tanto, nos toca seguir luchando a favor de la clase trabajadora mediante el sindicalismo de vivienda. Recordad que el 7 de julio habrá otro intento de desahucio en San Francisco y que nos veremos allí»
El sindicato valora la respuesta solidaria del barrio y anuncia nuevas acciones: “Hemos ido a Acción Social a exigir una alternativa habitacional. Y seguiremos organizándonos. El sindicalismo de vivienda es el único escudo que nos queda”.





Una violencia que no sale en las cifras oficiales
La crónica del desahucio es la de siempre: comitiva judicial hermética, sin voluntad de dialogar ni atender a la mediación propuesta. La intervención policial, desmedida y sin contemplaciones: golpes, empujones, porrazos para abrir paso a la comitiva. Y al final, una imagen que resume el drama: una familia en la calle, el miedo en la mirada de los niños, y un piso más que se suma al parque de viviendas vacías gestionadas por lo público.
El Casco Viejo de Bilbao suma así una nueva cicatriz en el mapa del desahucio, en una ciudad donde la emergencia habitacional deja cada semana nuevas víctimas. Desde el sindicato llaman a la ciudadanía a unirse: “La lucha por la vivienda no es caridad, es justicia. Organizarnos es sobrevivir”.