Por David BM
¿Qué es más peligroso en unas fiestas: una agresión o una asociación feminista que lo denuncia? Esa parece ser la pregunta que ronda por los pasillos del Ayuntamiento de Barakaldo, donde este año han decidido excluir sin previo aviso a Argitan, colectivo feminista con 29 años de experiencia, de la gestión del Punto Lila en las fiestas del Carmen. Ni una llamada. Ni una reunión. Ni una justificación. Solo un contrato nuevo y una empresa privada que aterriza en la escena como si la lucha contra la violencia machista pudiera subcontratarse como el catering de una verbena.
Desde hace décadas, Argitan Emakumeentzako Aholku Etxea es un referente en Barakaldo en la atención, acompañamiento y defensa de mujeres víctimas de violencia machista. En su Centro Asesor autónomo y autogestionado han atendido a más de 300 mujeres al año. Lo han hecho con una red de abogadas, psicólogas, trabajadoras sociales, matronas, educadoras, promotoras de igualdad y, también, con mujeres supervivientes. No es un equipo de intervención: es una red de cuidados, lucha política, experiencia y compromiso.
Pero eso no parece haber sido suficiente. O quizá ha sido demasiado. Porque justo cuando arrecian desde Argitan las críticas a la gestión municipal en materia de igualdad, el Ayuntamiento les retira por sorpresa la financiación del proyecto del Punto Lila. Una jugada tan limpia como transparente: excluyes a quien denuncia tus carencias y lo reemplazas por una empresa “especializada” sin trayectoria en el municipio. Problema resuelto. Aplausos, chapas, pulseras y fin del comunicado.
El gesto no ha pasado desapercibido para el movimiento feminista. Argitan recuerda que el pasado año, tras las fiestas del Carmen, el Ayuntamiento —en una de esas ruedas de prensa donde todo es confeti— aseguró que no se había registrado ninguna agresión machista. Pero la realidad era otra. Desde la asociación se denunció entonces la existencia de casos silenciados y se acusó al gobierno municipal del PNV de aplicar una “estrategia sistemática de ocultación” frente a la violencia de género.
Así que, si alguien aún tenía dudas de por qué este año no estarán en el Punto Lila, ya tiene una pista: el feminismo molesta cuando deja de ser decorado institucional y empieza a señalar con el dedo.
Mientras tanto, la alcaldesa Amaia del Campo se ha mostrado entusiasta con el nuevo modelo. En sus propias palabras, se “renueva el servicio” para garantizar una atención más extensa, con más horas, más presencia en la calle, más número de contacto y hasta una app que acerca a la Policía Local con un botón del pánico. La tecnología, se diría, al rescate de una gestión que deja fuera a quienes llevan décadas haciendo justo eso: atender, acompañar, prevenir, resistir.
Todo el esfuerzo, trabajo y compromiso de Argitan —premiado en 2021 con el Zirgariak de la Diputación Foral de Bizkaia y parte del Observatorio de Violencia Machista— queda así borrado de un plumazo. No hubo comunicación. No hubo reconocimiento. Ni siquiera el gesto hipócrita del agradecimiento institucional. Solo silencio y una nota de prensa.
Quizá sea ese el problema. Que hay feminismos que no se pliegan al silencio. Y Argitan ha demostrado durante casi tres décadas que no está aquí para repartir pulseras, sino para incomodar al poder.

