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Policía y Ertzaintza desahucian a dos niñas de 2 y 3 años en Zurbaranbarri

Aurora, víctima de violencia machista, vive el peor duelo: dos hijas sin hogar tras una orden judicial ciega y un Ayuntamiento que no ofreció una alternativa digna.

2025-06-09T18:16:38+02:009 junio 2025|Reportajes|Comentarios desactivados en Policía y Ertzaintza desahucian a dos niñas de 2 y 3 años en Zurbaranbarri

Por David BM

La mañana rompía con un silencio extraño en Zurbaranbarri: ninguna amenaza se escuchaba en el ambiente, y sin embargo, hoy, una familia ha sido arrancada de su techo. La historia de Aurora -una madre, víctima de violencia de género- y sus dos hijas de apenas 2 y 3 años fue tachada con un sello frío y burocrático: desahuciadas sin más, sin comitiva judicial, sin alternativa digna, sin empatía.

Aurora había llegado aquí empujada por la urgencia: seis meses o dos vidas en la calle. La ocupación de un piso vacío fue la única opción ante un sistema habitacional que le cerró todas las puertas. Vivir con RGI le cerraba las puertas al mercado de alquiler, los recursos públicos eran solo palabras y las inmobiliarias escapaban como si se tratase de una sombra molesta.

Ella lo intentó todo: negociar con la propiedad, buscar un contrato, presentar documentos… pero solo encontró falsas promesas. Hasta que, en menos de una semana tras el juicio del 5 de mayo, llegó la sentencia que marca el fin: “Desalojen en los próximos días”, decía el papel. Y al final, llegó el desalojo -sin comitiva judicial, sin espera- mientras las niñas jugaban, sin saber que hoy, su hogar les fue arrebatado.

“Nadie nos dio una alternativa… ni Servicios Sociales, ni Viviendas Municipales, ni Acción Social”, relató Aurora -con voz temblorosa, pero firme-. Presentó un informe que la reconocía como víctima de violencia machista… y nada cambió. El silencio fue tan cómplice como la inacción del Ayuntamiento.

La escena deja tras de sí más que un piso vacío: deja el efecto devastador de un sistema que no prioriza el derecho a la vivienda. El Juzgado de Instrucción nº 5 cargó sobre los hombros de una madre y dos niñas el peso de una sentencia impersonal, mientras los funcionarios se lavaban las manos.

Hoy, las niñas de 2 y 3 años pierden algo más que cuatro paredes: pierden rutina, colegio, barrio, estabilidad y, sobre todo, paz. Esa infancia que se dibuja con ilusión, hoy se arruina con el crujir de una puerta forzada.

Y es que este no era solo un inquilino más. Era una madre que salió de una espiral de violencia con dos hijas bajo el brazo. Un Juzgado, unas instituciones, pensaron que eso justificaba arrojarla de su hogar. Pero la pregunta sigue al aire: ¿puede una ciudad llamarse civilizada si abandona a dos niñas en plena urgencia? Porque hoy, la respuesta prueba más la herida que la esperanza.

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