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Nosotras, las Otras: herramienta pedagógica antirracista

Lumaltik presenta la metodología Nosotras, las Otras. Un teatro interactivo antirracista con cambio de roles que sensibiliza sobre las vivencias de seis mujeres racializadas que emprenden un proceso migratorio.

2024-10-25T14:17:06+02:0025 octubre 2024|Reportajes|Comentarios desactivados en Nosotras, las Otras: herramienta pedagógica antirracista

Por Laura Fontalba

El pasado jueves, en un encuentro celebrado en Koloretxe, Lumaltik Herriak presentó los resultados de diversas acciones impulsadas en Bizkaia para enfrentar el racismo social e institucional. Principalmente, presentaron la metodología Nosotras, las Otras; un proceso enmarcado dentro del proyecto Defensoras: avanzando en actitudes antirracistas desde la construcción de alianzas horizontales y de cuidado para la sostenibilidad de la vida, que busca sensibilizar en torno a las violencias machistas, racistas y LGTBfóbicas.

Nosotras, las Otras es una metodología de sensibilización que nació a inicios de 2024 gracias al trabajo del equipo técnico de Lumaltik junto con Emilia Larrondo, investigadora y activista feminista mexicana. Se trata de un taller-teatro antirracista «intensamente emocional», que tiene por objetivo «proyectar desde el respeto y la empatía situaciones sutiles de indiferencia, rechazo, discriminación, racismo social e institucional contra las mujeres racializadas, migradas y personas disidentes». Esta metodología se inspira en el taller «Caminando en tus zapatos» utilizado por los CAIMUS —Centros de Apoyo Integral a Mujeres Sobrevivientes de Violencia— en Guatemala.

Tal y como explicaron, el taller presenta la realidad de seis historias de vida muy diversas de mujeres de Centroamérica, con las que visibilizar distintas discriminaciones: género, sexo, edad… Las seis historias visibilizan «diferentes ejes de opresión» y se desarrollan conforme las participantes van atravesando diferentes estaciones; es decir, se realiza un cambio de roles, en el que las personas que reciben el taller —mujeres locales, autóctonas, blancas…— se convierten en «receptoras de violencias». Y, por el contrario, el grupo de doce promotoras migrantes —defensoras, exiliadas, activistas, feministas, trabajadoras de hogar y de cuidados; procedentes de Nicaragua, Colombia, Guatemala, Honduras, Perú, Chile, México y Venezuela— pasa a cumplir el rol de las instituciones públicas: Extranjería, Osakidetza, Servicios Sociales, Lanbide, Policía, amistades y pareja, empleadores e inmobiliaria.

Para llevarlo a cabo, se basaron en las técnicas escénicas de La Oprimida, pero con la diferencia de que el cambio de roles hace que sean las mujeres migradas quienes, desde la postura de las instituciones, identifiquen sus vivencias personales de racismo y opresiones cotidianas desde la ironía y el humor; y que sea «el opresor» quien reflexione sobre todas esas problemáticas sociales, observando también sus privilegios. El objetivo final era construir «historias de vida» que visibilizasen la interseccionalidad entre diferentes opresiones. De hecho, se trataron historias muy diferentes con una misma base, migrar. Destacaron, por ejemplo, el caso de una mujer trans, que migró por la violencia que existía en su entorno; el de otra mujer que ganó una beca de estudios y decidió vivir la experiencia; otra que huyó de su país por una situación de persecución y tuvo que pedir asilo; el caso de una mujer que decidió venir «a probar suerte» con su pareja, que sí es de este país; o el de una chica racializada que nació en este país, pero que constantemente se cuestiona cuál es su origen.

Se trata de una metodología «muy potente», porque con ella, la persona que está representando la historia pueden sentir «en carne propia» las implicaciones de deambular por «laberintos» burocráticos, la dificultad de resolver trámites, de no saber cómo resolverlos… «Apelamos a lo emocional para que esta experiencia propia pueda sensibilizar sobre lo que las mujeres migradas o racializadas viven cuando deciden hacer un proceso migratorio en este territorio», explicaron.

Gracias a este taller, pudieron extraer una plenaria de cierre con todas las participantes, para recopilar, reflexionar, sanar y terminar armónicamente con pautas para mejorar las relaciones entre mujeres diversas. Aunque el objetivo no se cumplió sólo gracias a la sensibilización social de la gente local, sino que también ha sido muy importante el impacto generado sobre las mujeres migradas que habitan este territorio, pues pudieron ser parte de este proceso formativo, hacer escuchar sus voces y ocupar el espacio. «Lleva el título de Teatro interactivo antirracista porque no se trata sólo en quedarnos en un plano de la reflexión, sino de hacer un compromiso, y eso es a lo que se invita una vez terminada la parte de representación», explicaron.

Finalmente, con el planteamiento futuro de que esta metodología de trabajo pudiese presentarse ante las propias instituciones, todos los aprendizajes se sistematizaron en dos materiales complementarios el Manual de buenos tratos y cuidados antirracistas, de la mano de Micaela Carbajal, y el vídeo Alianzas antirracistas y compromisos de acción, realizado por Ecuador-Etxea.

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