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¡Hombre, sal de la manada, deja el machismo! ¡No seas cómplice!

"Hagámoslo por ellas y también por nosotros"

2019-10-21T19:54:56+00:0021 octubre 2019|Bilbao, Feminismo|Comentarios desactivados en ¡Hombre, sal de la manada, deja el machismo! ¡No seas cómplice!

Un año más AHIGE-Euskadi ha realizado en Bilbao la «Rueda de Hombres contra la Violencia Machista». Un acto desarrollado con el lema “Sal de la manada, deja el machismo” en el que se hace público el rechazo de los hombres a la violencia machista pero, especialmente, contra la violencia de género, ejercida cotidianamente contra las mujeres y las/los menores.

MANIFIESTO
SAL DE LA MANADA, DEJA EL MACHISMO

La violencia machista es una escandalosa realidad que afecta a toda la sociedad y que alcanza su máxima expresión con los asesinatos de mujeres y de sus hijos e hijas a manos de los hombres. Desde el año 2003, cuando empezaron a contabilizarse, hasta ahora 1.100 mujeres han sido asesinadas en el estado por sus parejas o ex parejas. Desde el 2010 que se empezaron a contabilizar los asesinatos de criaturas hasta hoy, casi 100 menores de 16 años han sido asesinadas. Y esta lacra sigue: el año pasado 99 mujeres, este año ya llevamos 81 mujeres y menores asesinadas. Porque a las cifras oficiales hay que sumar las de diversos colectivos que las cifras oficiales no recogen, como los feminicidios familiares, por prostitución o por el crimen organizado.

Cuando hablamos de violencias machistas no estamos contemplando sólo los feminicidios que no son sino la punta del iceberg. Estos no serían posibles si no hubiera muchos casos de maltratos verbales, laborales, domésticos, económicos, físicos, sexuales, psicológicos y emocionales que sufren las mujeres, y que son más difíciles de detectar. También la prostitución, la trata de seres humanos y el alquiler de vientres son fenómenos en auge que nos dicen cómo la cosificación de la mujer y la utilización de su cuerpo como una mercancía es otra forma de violencia de género, además de una manera de ejercer el poder basada en una sexualidad masculina impositiva.

Atacar de diferentes maneras, psicológica, física, sexual hasta llegar a asesinar a la pareja o ex pareja, y a las criaturas dependientes de esa relación representa hoy en día la más brutal marca de identidad del patriarcado que ha inundado la historia de la humanidad desde hace siglos: la normalización de la violencia y el desprecio a la vida y a quienes han cuidado especialmente de ella. La violencia como una forma de expresión nacida de nosotros los hombres.

Como decía José Saramago: «La violencia machista es un problema de los hombres que sufren las mujeres». Nace de la incapacidad de una parte de los hombres para adaptarse a los cambios que provocan el avance hacia una sociedad igualitaria y el ejercicio creciente de la libertad de las mujeres. Hombres que no se atreven a vivir según un modelo de sociedad libre, igualitaria y de respeto mutuo entre hombres y mujeres. Un modelo que, sin duda, los haría mejores seres humanos.

Los agresores, en su gran mayoría, no son especiales o enfermos, sino hombres comunes, ciudadanos típicos. Hombres, sin embargo, que basan su seguridad personal en valores tradicionales de los estereotipos masculinos: el poder a través de la fuerza física, la competitividad, la agresividad y un estatus de supuesta superioridad y privilegio respecto de las mujeres.

La violencia es posible, también, porque el resto de hombres mantenemos algún tipo de complicidad y tolerancia, como ocurría entre los miembros de la manada. Tenemos que conseguir, por el contrario, hacer visible un potente movimiento de hombres que cree una complicidad que nos ayude a superar el vínculo patriarcal entre masculinidad y violencia.

Por eso nosotros, hombres a favor de los hombres y de la igualdad plena y efectiva, nos decimos y decimos a los hombres:

¡Hombre, sal de la manada, deja el machismo! ¡No seas cómplice!

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