Por David BM
«Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo.»
— Bertolt Brecht
I. Diagnóstico de un presente reaccionario
Euskal Herria, como otros territorios europeos, vive una inquietante coyuntura de ascenso del pensamiento reaccionario y autoritario. Un fenómeno que, lejos de surgir de forma espontánea, se inscribe en un largo ciclo histórico iniciado tras el colapso del bloque socialista y el triunfo global del neoliberalismo.
Según el análisis del militante antifascista Xabier de Miguel Elexaga, la desarticulación de la izquierda combativa y la legitimación institucional del neoliberalismo han sido clave para allanar el terreno al (neo)fascismo. Esta tendencia no es solo electoral o parlamentaria. Es cultural, mediática, callejera y profundamente ideológica.
Desde Lanestosa a Maule, desde Iruñerria hasta Baiona, se palpa una inercia reaccionaria transversal: políticas autoritarias, discursos de odio legitimados por medios, crecimiento de organizaciones de ultraderecha y un retroceso de los derechos sociales, especialmente de los sectores más vulnerables: mujeres, migrantes, colectivos LGTBQ+ y personas sin hogar.
II. La fractura entre percepción y datos oficiales
Diversas encuestas recientes evidencian una normalización del discurso reaccionario. La plataforma Naziogintza, por ejemplo, revela que el 57% de los vascos han presenciado actitudes de corte reaccionario. De ellas, un 61% están relacionadas con migración, y un 33% con género. El Deustobarómetro también confirma esta tendencia: el 60% de los encuestados cree que las prestaciones sociales deben restringirse a los migrantes.
Sin embargo, los informes institucionales presentan otra realidad. Según el Informe de Incidentes de Odio en Euskadi 2024, los delitos de odio han descendido. Una afirmación contestada por colectivos como Sare Antifaxista, EGHAM o SOS Arrazakeria, que señalan que una gran parte de estos delitos no se denuncian o se clasifican como “hechos aislados”.
El autor expone ejemplos concretos: pintadas racistas y agresiones en Irun, violencia verbal contra personas LGTBQ+ y ataques a personas sin hogar, entre otros. El contraste entre lo que se vive en las calles y lo que recogen las estadísticas oficiales alimenta una peligrosa invisibilización del fenómeno.
III. Un mapa de la extrema derecha en Euskal Herria
Xabier de Miguel traza una extensa cartografía del (neo)fascismo vasco, tanto en su expresión callejera como institucional.
En Hego Euskal Herria, se denuncian acciones de células nazis en Irun, patrullas ciudadanas racistas en Muskiz y Trintxerpe, movilizaciones ultraderechistas en Bilbao, pintadas en Zornotza, Algorta, Berriozar, Andoain y Tolosa, agresiones verbales y físicas, vandalismo contra símbolos memorialistas, campañas antiinmigración en pueblos como Marcilla o Sopuerta, y creciente presencia de simbología fascista en la Ertzaintza.
En Iparralde, el ascenso del Rassemblement National ha venido acompañado de agresiones racistas como las ocurridas en Baiona o Angelu, pintadas contra murales feministas en Maule, y acciones callejeras de grupos como Action Française o Bloc Identitaire.
Además, hay una ofensiva cultural y simbólica: festivales con cantantes de ideología ustacha, pancartas de Vox en el monte Urgull o campañas de desokupación ejecutadas por auténticas milicias privadas. Todo esto, advierte el autor, se inserta en un modelo social ultraconservador basado en el miedo, la seguridad y el control.
IV. La vía institucional del (neo)fascismo
En el plano institucional, la extrema derecha ha roto su histórico aislamiento parlamentario. Vox y el RN de Marine Le Pen ya tienen representación en las cámaras que deciden sobre cuestiones vascas. El partido de Abascal ha logrado más de 21.000 votos en las últimas elecciones autonómicas vascas, mientras que el RN supera el 27% en ciudades como Baiona.
La candidatura de Alvise Pérez, con discursos racistas y xenófobos, también ha captado apoyos relevantes. Sumados, los partidos de extrema derecha congregan entre 90.000 y 100.000 votos en Euskal Herria, una base nada despreciable.
Este fenómeno se alimenta también del escoramiento a la derecha de fuerzas como el PP, que asumen marcos discursivos reaccionarios sobre seguridad, migración o violencia de género.
V. Racismo y respuesta social
Frente al avance reaccionario, Xabier de Miguel reconoce el trabajo de colectivos como Sare Antiarrazista, Gasteiz Anitza, Donostia Antifaxista y Amher. En contextos como Arratia, Gasteiz o Hernani, donde el racismo se ha manifestado de forma cruda, se han tejido respuestas comunitarias, educativas y solidarias para contener el odio.
Estas iniciativas no solo confrontan las agresiones directas, sino que luchan contra el sustrato social que podría permitir un salto organizativo de la extrema derecha vasca, incluso en clave independentista.
VI. Conclusiones: el fascismo que ya está aquí (o nunca se fue)
Xabier de Miguel lanza una advertencia clara: el (neo)fascismo ya no necesita camisas negras ni esvásticas. Hoy se presenta con traje y corbata, en forma de propuestas parlamentarias, en discursos mediáticos, en discursos de “sentido común” sobre seguridad o vivienda. Es, esencialmente, la forma contemporánea del poder capitalista en crisis.
Ante este contexto, el autor llama a la unidad de la izquierda combativa. A retomar la memoria histórica como herramienta de lucha. A conectar las luchas locales con el internacionalismo. A organizarse desde abajo, con nuevas plataformas como Pasaia Antifaxista, Bilbo Antifaxista, Internacional Antifascista y otras experiencias juveniles, sindicales y populares.
Frente al individualismo neoliberal, propone solidaridad comunitaria, pensamiento crítico, pedagogía popular y desmilitarización de la sociedad. Apuesta por un modelo alternativo que confronte el miedo con esperanza, el odio con organización y la represión con justicia social.
“La verdad es revolucionaria —recuerda—. Solo desde ella se puede combatir al (neo)fascismo, que se alimenta de la mentira, la desinformación y el miedo.”