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Desesperanza

Kara Tepe, el nuevo campo de refugiados que deja los derechos humanos al otro lado de la alambrada.

2020-11-17T15:24:57+00:0017 noviembre 2020|DDHH, KaraTepe, Lesbos|Comentarios desactivados en Desesperanza

Con la caída de la tarde en Mitylene, bastantes jóvenes miraban desde la estatua de la Libertad, cercana al puerto, hacia el ferry que parte cada día con destino a Atenas. Para estas compañeras, peticionarias de asilo o protección internacional, esos ferrys representaban su verdadera puerta de entrada en Europa. Mejor dicho, su verdadera puerta de salida de la prisión que en estos momentos es la Isla de Lesbos y el infierno del nuevo Campo de Kara Tepe -un Moria 2.0, peor aún que el original-.

Para muchas de las personas que han llegado a la isla de Lesbos huyendo de violencias en sus países, la espera para la concesión, o no, de asilo en algún país europeo se les hace desesperante.

Un proceso administrativo, que debiera ser ágil para facilitar su reincorporación a la vida activa en sus nuevos países de acogida, se ha convertido, por decisiones políticas que denotan un racismo estructural, en meses de agonía -años, en muchos casos-, en espacios en los que los Derechos Humanos no tienen cabida.

Unos campos, Moria y Moria 2.0, donde debieran ser tratados como supervivientes de guerras y catástrofes, que se han convertido en espacios de inseguridad jurídica e inhumanidad gracias a la política europea en materia de migración, que no es sino una guerra encubierta contra las personas migradas.

Es incomprensible que en el siglo XXI, en una Europa que se dice Faro de Libertades, existan estos espacios donde se somete a miles de personas a un limbo jurídico que les hunde humanamente y les tortura psicológicamente, tal y como demuestra el informe recién elaborado por GAC (Grupo de Acción Comunita Comunitaria), “Arquitectura de la tortura en Europa. El campo de refugiados de Moria en Lesvos como entorno torturante”.

Los derechos humanos no son de aplicación según quién sea la persona, el lugar o el momento: los DDHH son inherentes a toda persona por el mero hecho de serlo y así debe ser reconocido y apoyado por cada estructura de las diferentes administraciones de cada país.

Lamentablemente, en las islas del mar Egeo, parece que sólo las activistas y las organizaciones que trabajamos fuera de los campos tratamos a estas personas con la dignidad que se merecen y les hacemos más llevadera su desesperanza. Afortunadamente para todas estas personas, mucha gente en Europa nos apoya para que podamos seguir desarrollando nuestra labor.

Cada atardecer, cuando pasaba cerca de esa estatua de la libertad y veía a estas personas, con la mirada perdida en un ferry que no era para ellas, deseaba que Europa despertara de este mal sueño, se sacudiera las políticas que crean odio, xenofobia y racismo, les devolviera la dignidad que como personas les corresponde, y les entregara esa libertad tan deseada para reiniciar una vida nueva y feliz entre nosotras.

Pero este sábado pasado, llegó el segundo confinamiento a Grecia, y la desesperanza ya no está en ver partir a ese ferry sin ti cada día, sino en ver que las puertas de la prisión de Moria 2.0 siguen cerradas uno y otro día, y comprobar que los derechos humanos se han quedado al otro lado de la alambrada.

SC Nátzab, Mytilini, Lesbos

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