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//Denuncian un caso de abuso policial en un bar marroquí de Portugalete

Denuncian un caso de abuso policial en un bar marroquí de Portugalete

Un vecino de Sestao relata que cinco agentes de la Ertzaintza lo cachearon con violencia, lo empujaron contra la pared y lo obligaron a desnudarse en un baño del local.

2025-09-05T11:39:39+02:005 septiembre 2025|Reportajes|Comentarios desactivados en Denuncian un caso de abuso policial en un bar marroquí de Portugalete

Por DavidBM

En la tarde del domingo 24 de agosto, en un bar marroquí de Portugalete, se desató una escena que hiela la sangre. La denuncia llega en voz baja, anónima, pero con una fuerza arrebatadora: un joven, junto a sus primos, sufrió un trato policial que raya en lo humillante. Y lo que debería ser una noche tranquila se convirtió en un conflicto cargado de violencia, insultos y desconsuelo.

El testimonio arranca casi sin consuelo: “Aúpa! Yo vivo en Sestao… salí con mis dos primos para tomar algo… luego nos dijo uno de mis primos: ‘¿Queréis ir a Portugalete a un bar marroquí…?’”. Y entonces algo cambia. Al llegar, frente a la puerta del bar, la duda se instala. Hasta que irrumpen los agentes: tres chicos y dos chicas, Ertzainas, que los paran para cachearlos “de mala manera y agresivos”, empujando y usando fuerza innecesaria. Uno de los primos recibe un golpe en la frente con la cámara del agente; al testigo lo empujan contra la pared, la tensión crece.

El tono del relato se quiebra cuando el denunciante intenta frenar la agresión: “no me tienen que tocar ni hacerme daño…”, dice. Pero los golpes siguen. Incluso una de las agentes, con desdén, murmura que ya “eso lo tenía”. Cuando se niega a quedarse callado, se siente arrastrado con fuerza hacia un baño del bar, un lugar lúgubre, donde teme que algo más grave suceda.

Es entonces cuando su instinto busca salvarse a modo de advertencia: le dice al dueño del bar que será testigo, y justo ahí, algo cambia. La humillación se transforma en un acto violento: lo obligan a quitarse los pantalones y le dicen, con crudeza, “ahora, qué capullo, ¿te haces el listillo de la clase…?” Todo esto, según su relato, “por no hacer nada, ni tener nada”.

La denuncia agrega más: se hacía burla también hacia otros clientes: monedas caídas, trato despectivo: «¡tú! Recoge tu RGI», le dicen a otro cliente. El ambiente se vuelve caldeado, cargado de un racismo doloroso. Al final, aunque no hubo agresión física extrema -gracias a que lo advirtió y había testigos- el sufrimiento emocional y simbólico resulta insoportable.

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