Por Ecuador-Etxea
El fatídico 31 de enero de 2025, el barrio del Kalero en Basauri se vio envuelto en un infierno que dejó tras de sí un reguero de destrucción y desesperación. Un voraz incendio arrasó varios edificios de la calle Kareaga Goikoa, dejando a decenas de familias sin hogar y una víctima mortal. Hoy, más de un mes después, la tragedia sigue ardiendo en forma de indignación y desamparo.
El fuego, que se inició alrededor de las 17:10 horas en la planta baja de un inmueble, se propagó rápidamente por la estructura de madera del edificio, convirtiéndolo en una trampa mortal. Un hombre, acorralado por las llamas, tomó la desesperada decisión de saltar al vacío, encontrando la muerte en su intento de escapar. Mientras tanto, los bomberos luchaban contra el tiempo para rescatar a los vecinos atrapados, logrando salvar a cuatro personas, entre ellas dos menores.
La magnitud del desastre quedó patente en las palabras de Javier Pinos, Jefe de Guardia de Bomberos de Bizkaia: «El fuego estaba totalmente descontrolado y se ha propagado rápidamente debido a que el bloque de viviendas tiene estructura de madera». Esta declaración no solo describe la ferocidad del incendio, sino que también arroja luz sobre un problema más profundo: la precariedad de las viviendas afectadas.
En efecto, el Sindicato de Vivienda Batu ha denunciado que los edificios llevaban «fuera de ordenación expresa desde 1998, sin que el Ayuntamiento haya ofrecido una solución a las familias». Esta situación habría provocado que algunas compañías de seguros se negaran a asegurar o renovar las pólizas de algunas viviendas, dejando a sus habitantes en una situación de vulnerabilidad extrema.
Tras el incendio, el Ayuntamiento de Basauri realojó temporalmente a las familias afectadas en el Hotel Ibis Budget de Bilbao. Sin embargo, lo que parecía ser un gesto de solidaridad se ha convertido en un nuevo foco de conflicto. El consistorio ha decidido sustituir el alojamiento por una asignación de 2.460€ por familia, una cantidad que el Sindicato Batu califica de «irrisoria».
«Las familias no quieren dinero, sino techo», declara Sandra, portavoz de Batu y vecina afectada. Esta frase resume el sentimiento de impotencia y frustración que invade a los damnificados. El sindicato denuncia un «inexplicable cambio de actitud» por parte del Ayuntamiento y critica su negativa a reunirse con la plataforma que representa a las familias afectadas.
La situación ha llegado a un punto crítico. Las familias, muchas de ellas con menores a su cargo, se niegan a abandonar el hotel el próximo 6 de marzo, fecha en la que expira el plazo concedido por el Ayuntamiento. «De ellos depende que encontremos una solución a tiempo. Si ésta no llega, hacemos un llamamiento a la ciudadanía para impedir que las familias alojadas se queden en la calle», advierten desde el sindicato.
Mientras tanto, las autoridades han iniciado una evaluación de la situación habitacional. El consejero de Vivienda y Agenda Urbana, Denis Itxaso, junto con Patricia Val, directora general de Alokabide, se han reunido con el alcalde de Basauri para analizar el nivel de vulnerabilidad de las familias afectadas.
El incendio del Kalero ha dejado al descubierto las grietas de un sistema que parece haber fallado a sus ciudadanos más vulnerables. Lo que comenzó como una tragedia se ha convertido en un pulso entre la administración y los afectados, con el futuro de decenas de familias en juego. La pregunta que flota en el aire, entre el humo y las cenizas, es: ¿Quién apagará este fuego social antes de que sea demasiado tarde?