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Mujeres mesoamericanas «latiendo con la tierra» en defensa de su territorio

Un libro de "pequeñas paradas" en los recuerdos de mujeres defensoras del territorio, la vida y el cuerpo como primer territorio, que pretende contribuir a construir memoria feminista.

2020-12-11T20:57:58+00:0011 diciembre 2020|Feminismo, Internacionalismo, Reportajes|Comentarios desactivados en Mujeres mesoamericanas «latiendo con la tierra» en defensa de su territorio

Por: Laura Fontalba

Lumaltik Herriak ha presentado hoy su libro «Defensoras. Latiendo con la tierra», en la librería Louise Michel de Bilbao. Con un aforo limitado de doce personas, han participado en la presentación Bea Aparicio, ilustradora del libro junto a Myriam Cameros, que no ha podido asistir; Mercedes Madrazo y Micaela, una de las Defensoras, a través de una llamada online.

Mercedes ha comenzado explicando el por qué de Lumaltik Herriak, cómo llegaron a entender la importancia de las mujeres defensoras del territorio, la vida y también del cuerpo como primer territorio. Con la colaboración de diferentes colectivos feministas, así como centros de educación o casas feministas, Lumaltik organizó una gira por Latinoamerica, viaje en el que participó Bea Aparicio; también diversas actividades, jornadas internacionales, talleres de defensa y cuidados, etc. Todo con el objetivo de sensibilizar ante la falta de Derechos Humanos. Temas impactantes para los grupos estudiantiles que han escuchado hablar a las Defensoras, por cómo transmiten la importancia que ellas brindan a la naturaleza, su energía, la naturaleza como vida, el cuidado en la estrategia de la lucha y la defensa, el cuidarnos y autocuidarnos, la sanación como relación con los ancestros, etc.

Este libro es fruto de las entrevistas realizadas cuando Bea participó en la gira, que pasó por cuatro países diferentes y fue recogiendo la historia de las propias Defensoras. El libro cuenta con diversas partes. Comienza con una introducción y, de ahí, pasa a explicar cómo estas mujeres se hicieron feministas y Defensoras, el despertar de su conciencia, las violencias sufridas, las alternativas y estrategias de lucha, los cuidados, la sanación, la sororidad feminista y, para terminar, «El mundo en el que soñamos». Las últimas páginas del libro son un apartado titulado «Desde nuestra epistemología», que recoge los términos que se utilizan en Latinoamerica y tienen un contenido potente e importante que reflejar. Bea ha explicado que pretenden acompañar las palabras de las Defensoras. En algunos momentos, intentan que sean «pequeñas paradas» en los recuerdos de todas ellas. El último capítulo, ilustrado por Myriam, resulta ser el más mágico, pues es donde las Defensoras reflejan cómo sería otro mundo mejor.

Durante su intervención, Bea ha querido hacer un recorrido por sus recuerdos durante la gira acompañándolo con la libreta original que emplearon para recoger las ilustraciones y fotografías de la experiencia. Durante tres semanas, estuvieron con 27 Defensoras de 16 organizaciones diferentes. El comienzo de la gira se dio en Chiapas, San Cristobal, donde el Cideci-Unitierra se convirtió en el «caracol número 7». También ha hablado sobre lugares «especiales» a donde las llevaban, como la Laguna Sagrada de Chicabal, lugar donde se comunicaban con las ancestras. O con el Copinh de Honduras, donde disfrutaron de la imagen y lucha de Berta Cáceres, que impregnaba todos los rincones; y lugar en el que las compañeras les hablaron de la defensa del agua y de la tierra, y la necesidad de la figura de las campesinas para la supervivencia de todas.

Además de lugares, durante el viaje, Bea también conoció a muchas mujeres que lograron «tocar su corazón». Como Elvira, de Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, que trabaja en la frontera entre Guatemala y México, en Tapachula, donde ayuda a trabajadoras sexuales en la prevención de enfermedades de transmisión sexual, la obtención de preservativos, etc. Allí, compañeras decían que: «la esquina es para quien la trabaja», por eso Bea ha puntualizado en la importancia de las organizaciones que reivindican derechos para todas ellas. Otra mujer a recordar en este viaje ha sido Stacy Velazquez, quien realizó un taller que hablaba de que en la lucha «hace falta amor». Finalmente, Bea ha mencionado a Morena Herrera, de Suchitoto, El Salvador. Fue quien les ofreció su hogar al llegar allí. Un lugar con un jardín céntrico, un patio abierto con una cocina abierta, donde un grupo de mujeres hacía un taller en otra zona y varios lugares de descanso. Hogar que aseguran es la definición física del «autocuidado». Fue en El Salvador donde se dieron cuenta de, tal vez, uno de los puntos más importantes: cuando las mujeres se organizan, todo se mueve con una «energía distinta».

De hecho, Opraneh (Organización Fraternal Negra Hondureña) fue la guinda necesaria para comprender que la distancia no impide mismas luchas. Bea ha contado que, al llegar a Honduras, se encontraron con una agrupación de mujeres, un encuentro nacional feminista que se reunía bajo el lema: «Yo no quiero ser violada», y que finalizó con una especie de akelarre donde gritaban consignas feministas que, aquí, también se gritan en fechas señaladas como el 25 de noviembre o el 8 de marzo. Junto a ella, Mercedes también ha reflexionado sobre este intercambio de luchas. Cómo se dan por hecho derechos sexuales y reproductivos que, aunque parecen ganados, con la extrema derecha van hacia atrás. Denuncias que se ven de forma muy clara en «Defensoras».

Una vez finalizadas las intervenciones de Mercedes y Bea, dieron paso a Micaela, quien ha intentado contextualizar de forma general la situación de Honduras en la actualidad. Al igual que en el resto de lugares, la Covid-19 ha destapado las carencias y desigualdades de la zona. Con la cuarentena, muchas mujeres vieron reducido su derecho a acceder a algunos servicios, como la atención en el ámbito de la salud sexual y reproductiva. La covid-19 ha afectado a más de 60.000 personas. Micaela ha asegurado que se ha acelerado la situación de «precariedad y pobreza», y también ha salido a la luz que las mujeres son el «núcleo» de los hogares. Además, se han agravado los casos de violencia hacia las mujeres y sobre menores, que nadie está atendiendo. En los últimos meses, se han recopilado más de 48 páginas de denuncias por violencia sexual, sin contar todo lo que no ha sido denunciado. 

Por todo ello, Micaela ha hecho hincapié en la importancia que tienen los movimientos y plataformas feministas que buscan un espacio que dé acceso a las mujeres, para que puedan pedir ayuda, facilitarles anticoncepción, información, etc. En estos momentos, una de sus prioridades es ayudar a las mujeres que están encerradas en los albergues, darles respuesta, seguimiento, acompañamiento, etc. Las acciones concretas en cada país, así como los materiales donde todo esto se refleja son importantes e interesantes para la lucha y la concienciación en derechos.

La presentación ha terminado con la proyección de un vídeo sobre el compromiso hacia una vida digna, en equilibrio, justa y donde la reciprocidad esté vinculada entre vida y naturaleza. La idea de Utz K’aslemal (Utz, equilibrio, y K’aslemal, la red de la vida) nace de pueblos indígenas que proponen «vivir en equilibrio para la naturaleza» y defienden el derecho de la madre tierra para «honrar el legado de las ancestras y cuidar el mundo que dejamos a las futuras generaciones». Aunque asumen que es muy complicado replantearse en este sistema neoliberal, pues para ellas el agua tiene espíritu, derechos y expresiones, ¿cómo explicar algo así a quien solo lo ve como un recurso que explotar? Las Defensoras aseguran que la prioridad se encuentra en crear nuevos artículos en la Constitución, que lleven a una nueva estructura que permita la vida, porque «lo que hoy tenemos ya no sirve». Una estrategia política para el Buen Vivir, entendiéndolo como: «la capacidad de cuidarnos para recuperarnos en la lucha». Ideas directamente relacionadas con las historias que «Defensoras. Latiendo con la tierra» recoge.




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