Por DavidBM
Bilbao, 23 de septiembre de 2025 – Lo del pasado domingo en algunos titulares roza la ciencia ficción. El Correo aseguró sin despeinarse que la Ertzaintza vinculaba al joven asesinado en Solokoetxe con la “peligrosa banda juvenil LDS”. El problema es que la propia Ertzaintza ha dicho justo lo contrario. Y no lo ha susurrado en un pasillo, lo ha declarado su máximo responsable, Josu Bujanda: “No pertenecen a ninguna banda ni pandilla u organización violenta.”
El caso es grave, sí, pero no tiene nada que ver con mafias internacionales ni con capítulos de Narcos. Según el jefe de la Policía Vasca, lo que ocurrió fue un altercado entre dos grupos de jóvenes que volvían a casa sin conocerse de nada. Primero vinieron los insultos y después, como tantas veces en madrugadas de alcohol y mala suerte, la pelea. El resultado, trágico: un joven marroquí de 21 años muerto por heridas de arma blanca en el pecho tras ser trasladado al hospital de Cruces.
Tres personas han sido detenidas: hombres de 31, 28 y 21 años. Uno fue arrestado en Bilbao, otro en Getxo y el tercero se entregó voluntariamente. La investigación sigue abierta, pero Bujanda lo dejó claro: “La pelea no tiene relación con bandas violentas.”
Y, sin embargo, alguien en una redacción decidió que hablar de “grupos de jóvenes que se insultan y se pelean” no daba para tanto clic. Mejor adornar la tragedia con un supuesto vínculo a “la peligrosa banda LDS” -esa misma que suena más a videojuego de moda que a realidad bilbaína.
El problema es que este tipo de titulares no solo mienten: estigmatizan barrios enteros y criminalizan comunidades, en este caso la marroquí, al vincular a la víctima con una organización criminal sin pruebas. Ni la policía, ni el juzgado, ni el barrio lo sostienen. Solo un titular ansioso de morbo.
Mientras tanto, la realidad es más sencilla y más dolorosa: una pelea absurda a las siete menos cuarto de la mañana, en la calle Fika de Solokoetxe, que acabó con un muerto y tres detenidos. Nada más y nada menos.
La investigación continúa, pero hay algo ya aclarado: no hubo ni bandas, ni siglas rimbombantes, ni épicas criminales de película. Solo una tragedia evitable y un periodismo que, una vez más, confundió rigor con ficción barata.