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«Fiebre de carnaval», la exuberancia y el dolor de un rincón olvidado del Ecuador

El pasado viernes, Yuliana Ortiz Ruano presentó "Fiebre de carnaval" en Louise Michel. Una novela que muestra Esmeraldas desde la mirada de una niña de ocho años, cuya infancia le es arrebatada.

2024-02-02T12:27:32+01:002 febrero 2024|Reportajes|Sin comentarios

Por Laura Fontalba

El pasado viernes, Yuliana Ortiz Ruano presentó su primera novela «Fiebre de carnaval« en la librería Louise Michel, en Bilbao. Una novela editada por la «Navaja Suiza» y galardonada con premios como el Premio a la Ópera Prima IESS o el Joaquín Gallegos Lara 2023.

«Fiebre de carnaval» relata la historia de Ainhoa, una niña de ocho años que vive en la isla de Limones con un entorno familiar repleto de caos, historias urbanas y secretos. A través de su novela, Yuliana muestra la crudeza de la realidad que atraviesan muchas niñas esmeraldeñas, cuya infancia les es arrebatada.

Durante la presentación, Yuliana explicó que una de las mayores dificultades de esta novela «antiadulta» fue encontrar la voz de Ainhoa. Una voz que no estuviese sesgada y politizada como la suya propia, sino que pudiese mostrar el mundo desde otra mirada; una mirada para la que el mundo es siempre «nuevo» y «grande». «Infante, etimológicamente, es lo que no tiene voz, en tanto a que no tiene poder en la polis, ni en la política pública ni sobre sí mismo; pero eso no significa que este cuerpo tutelado no tenga potencia», explicaba Yuliana, quien recoge con respeto los umbrales y límites que niños y niñas sortean continuamente. Una visión que no evita que, a lo largo de la novela, se cree un relato económico, estructural y trascendental de todo lo que «interviene y mina» el mundo íntimo, y destape todas aquellas violencias complejas que, al estar dentro de las casas, no se pueden mapear.

Mostrar esta cara de la realidad hizo que, para Yuliana, la música tuviese que estar imprescindiblemente presente. «Toda crisis tiene una sonoridad», aseguraba y añadía cómo, por ejemplo, épocas como la posguerra estuvieron marcadas por una música concreta, porque «la única forma de continuar con la extracción de la fuerza de trabajo era tener un espacio de goce».

«Esmeraldas es un lugar muy militante, de gente muy despierta. Hay gente muy valiente que siempre ha estado luchando; zonas de hambre, cacerolazos… y, aun así, apenas hay documentos que muestren todo esto», lamentaba Yuliana, que con «Fiebre de carnaval» narra la «exuberancia y el dolor de un rincón olvidado del Ecuador», porque, a su parecer, la escritura «también es una forma de guardar y proteger ese engranaje de comunidad» que otros ignoran.

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