Por David BM
Miles de personas se movilizaron este viernes por la tarde en Bilbao en una manifestación convocada para denunciar el desalojo del Gaztetxe Etxarri, un espacio autogestionado que había funcionado desde 2014 en el barrio de Rekalde. La marcha, que partió desde la estación de tren de Amézola, se desarrolló con gran participación ciudadana y concluyó con la lectura de un discurso en el que se cuestionó tanto la actuación policial como las motivaciones urbanísticas detrás del operativo.
Según relataron miembros de la asamblea del gaztetxe, unas horas antes de la hora fijada para el desalojo, unidades de la Ertzaintza ocuparon las inmediaciones del edificio, incluyendo los bloques colindantes. Durante la noche, la policía cargó contra las personas concentradas en defensa del espacio, utilizando balas de foam y pelotas de goma. Se registraron cinco detenciones y decenas de personas resultaron heridas, entre ellas un joven que recibió un disparo de foam a corta distancia y tuvo que ser operado de urgencia en el hospital de Basurto. Otras tres personas detenidas también necesitaron atención médica por los golpes recibidos durante el operativo.
La manifestación sirvió también para señalar a los que, según los convocantes, se benefician de este desalojo. En primer lugar, la empresa constructora Amenabar, que habría adquirido los terrenos para desarrollar un proyecto urbanístico de viviendas de alto valor en la avenida donde se ubicaba el gaztetxe. En segundo lugar, el Ayuntamiento de Bilbao, al que acusan de haber recalificado suelo industrial para facilitar este plan, y de no haber buscado ningún tipo de diálogo con el colectivo afectado. El alcalde Juan Mari Aburto y el concejal de Urbanismo, Asier Abaunza, fueron señalados directamente como responsables políticos del desalojo.





Etxarri no era un espacio cualquiera. Ocupado en 2014 tras años de abandono, surgió como una respuesta vecinal al derribo del emblemático Kukutza III. En sus más de diez años de actividad, el gaztetxe se consolidó como un punto de encuentro para la juventud trabajadora del barrio. Allí se organizaron charlas, festivales, actividades culturales y políticas, ofreciendo un modelo de gestión comunitaria en contraste con el modelo institucional.
Durante la lectura del discurso final, se remarcó que el desalojo de Etxarri no es un caso aislado, sino parte de una dinámica más amplia que afecta a espacios autogestionados en toda Euskal Herria. «Que sirvan estos días para entender la lucha por los gaztetxes y otros espacios ocupados», se dijo, insistiendo en que el desalojo no pone fin al movimiento. “Nos han robado Etxarri, pero en el futuro volveremos más fuertes”.