Por David BM
Comienza la campaña de la renta, ese ritual anual en el que se le pide a la ciudadanía que financie, entre otras cosas, más armas, más bases militares y más destrucción. Pero en Euskal Herria, cada abril trae también una réplica con acento propio: la campaña de Objeción Fiscal al Gasto Militar, impulsada por una plataforma plural que, con la sonrisa ladeada de quien desobedece con estilo, lanza un mensaje claro: “No con mis impuestos”.
La propuesta es sencilla pero potente: desviar voluntariamente una parte del dinero que se iría a tanques, cazas y fragatas, y destinarlo a proyectos que sí generan vida, comunidad y justicia social. En lugar de cohetes, cooperación. En lugar de drones, derechos. Y, por qué no, en lugar de ministerios bélicos, Ecuador-Etxea.
Porque si algo no necesita este país es otro contrato millonario con Airbus o Navantia. Lo que sí necesita son más organizaciones como Ecuador-Etxea, ese micro-medio sin ánimo de lucro (y sin apenas nómina) que documenta luchas sociales desde las calles de Bilbao con más ética que presupuesto. Una cámara, una mochila y una agenda que no responde a nadie salvo a quienes resisten. ¿Qué mejor destino para unos cuantos euros fiscalmente objetados?
La otra forma de hacer política (y desobediencia)
El comunicado de la campaña no se anda con rodeos: el Estado español destinará este año entre 36.000 y 60.000 millones de euros al gasto militar. Una cifra que supera con creces lo invertido en el Ingreso Mínimo Vital y que, por supuesto, se traduce en recortes en educación, sanidad y servicios sociales. Una orgía presupuestaria para la industria armamentística. Y como no podía ser de otra forma, el Gobierno Vasco y el Navarro también ponen su parte, tanto con dinero como con tejido industrial.
En este contexto, la Objeción Fiscal se presenta como una herramienta política de primer orden. No es solo una rabieta impositiva. Es una forma organizada de decir “ya basta”, de cortar simbólicamente el grifo que alimenta guerras como la de Ucrania o el genocidio palestino. Es, además, un acto colectivo. Cada persona que objeta se suma a un movimiento más amplio que exige invertir en feminismo, vivienda, sanidad, ecología, migración, y también en comunicación crítica e independiente.
¿Cómo se hace?
Durante la declaración de la renta, quienes se suman a la objeción fiscal desvían una cantidad simbólica —entre 40 y 100 euros— del impuesto correspondiente al gasto militar hacia un proyecto alternativo. Y lo acompañan con una carta dirigida a Hacienda, para que quede constancia de que lo hacen de forma pública, consciente y desobediente.
Hay oficinas de ayuda, tutoriales, asesoramiento en red y una lista de entidades a las que se puede destinar el dinero. Si alguien se siente especialmente cínico ese día, puede incluso imprimir la carta con una sonrisa y pensar que por una vez ha elegido en qué se gasta su impuesto.
Ecuador-Etxea no aparece (todavía) en ninguna lista oficial de beneficiarias. Pero si quieres que tus impuestos paguen una cámara que retrate la dignidad de los pueblos y no una que dispare desde un dron, ya sabes a quién buscar.
La plataforma de Objeción Fiscal está integrada por: AuzoanBizi, Argitan, Armiarma, AZET Etxebizitza Sindikatua, BATU Elkarlaguntza Sarea, CNT Bilbao, Ekologistak Martxan, Elkarlaguntza Sarea Galdakao, ESK, Finantza Haratago, Irola Irratia, ISF Euskadi, Jauzi Ekosoziala, Kakitzat, KEM-MOC, Lumaltik Herriak, Mugarik Gabe, Mundubat, Setem Hego Haizea, REAS, Ongi Etorri Errefuxiatuak, Posada de los Abrazos y Zehar-Errefuxiatuekin.
