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//“Cicatrices colectivas” y el fracaso del sistema para reparar a las víctimas

“Cicatrices colectivas” y el fracaso del sistema para reparar a las víctimas

La publicación elaborada por Mugarik Gabe documenta cuatro experiencias que evidencian las limitaciones de la respuesta institucional tras la violencia machista.

2025-12-22T10:44:26+01:0022 diciembre 2025|Reportajes|0 Comments

Por DavidBM

Bilbao, 22 diciembre 2025 – La violencia machista no termina cuando cesa la agresión. Sus efectos se extienden en el tiempo, atraviesan cuerpos, comunidades e instituciones y dejan huellas que no se borran con una sentencia ni con un protocolo. La publicación “Cicatrices colectivas. Aprendizajes sobre experiencias de reparación en violencias machistas”, elaborada por Mugarik Gabe, pone el foco precisamente en ese después: cómo reparar, quién debe hacerlo y qué significa realmente sanar cuando el daño ha sido estructural.

El estudio, fruto de un año de investigación y acompañamiento, analiza cuatro experiencias de reparación muy distintas entre sí, tanto por su contexto como por los agentes implicados: un proceso institucional impulsado desde el Ayuntamiento de Andoain; experiencias de acompañamiento social y comunitario; el proceso colectivo Kintsugi, protagonizado por mujeres sobrevivientes; y el caso de Manuela frente al Estado de El Salvador, una lucha jurídica y política tras una muerte causada por violencia institucional y machista.

Lejos de ofrecer recetas cerradas, la publicación plantea una idea central: la reparación no es un acto puntual, sino un proceso largo, complejo y necesariamente colectivo. Un camino que debe situar a las sobrevivientes en el centro, no como usuarias de servicios, sino como sujetas de derecho, con capacidad de definir qué es reparador para ellas y cuándo un proceso puede darse por cerrado.

Del castigo a la reparación

Uno de los aprendizajes clave que recoge el informe es la insuficiencia del modelo punitivo para responder a las violencias machistas. Según Mugarik Gabe, el sistema judicial y la respuesta institucional tradicional no solo fallan en muchos casos, sino que pueden llegar a revictimizar, dejando intactas las causas estructurales de la violencia.

Desde un enfoque feminista, interseccional y de derechos humanos, la publicación reivindica el derecho a la reparación como una obligación del Estado, recogida en marcos internacionales y en la normativa vigente en Euskadi, pero todavía escasamente materializada en la práctica. La reparación, subraya el estudio, incluye medidas diversas: acompañamiento psicológico, reconocimiento público, garantías de no repetición, cambios normativos, actos simbólicos, reparación económica, trabajo comunitario y rendición de cuentas.

La comunidad y las instituciones, interpeladas

Las experiencias analizadas muestran que la reparación no puede recaer únicamente en las víctimas. La comunidad aparece como un agente clave, ya sea como aliada, como espacio a transformar o como corresponsable en la no repetición. También las instituciones, especialmente cuando existe violencia institucional, tienen una responsabilidad legal y política que no puede eludirse.

El caso de Andoain ilustra cómo un municipio puede incorporar el enfoque reparador de forma transversal, con protocolos, formación, servicios específicos y un compromiso sostenido en el tiempo. Otras experiencias, como Kintsugi, evidencian la potencia de los procesos colectivos de escucha, construcción de relato y acción política, donde compartir la vivencia se convierte en parte de la sanación.

Cicatrizar no es olvidar

“Cicatrices colectivas” insiste en una idea incómoda pero necesaria: no todas las heridas se cierran, pero sí pueden dejar de doler todo el tiempo. Reparar no es borrar el pasado, sino reconocer el daño, asumir responsabilidades y transformar las condiciones que lo hicieron posible.

Con sus aciertos y límites -reconocidos explícitamente por las autoras-, la publicación se plantea como una herramienta para pensar, debatir y seguir experimentando. En un contexto de mayor visibilidad de las violencias machistas, el estudio advierte del riesgo de respuestas simplistas y apuesta por procesos más humanos, profundos y sostenidos, donde la memoria, la justicia y la reparación caminen juntas.

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