Por DavidBM
Bilbao, 10 noviembre 2025 – Esta mañana, en la céntrica Plaza Arizgoiti de Basauri, se ha celebrado una rueda de prensa convocada por el sindicato de vivienda Batu Elkarlaguntza Sarea para denunciar el inminente desahucio, previsto para el jueves 13 de noviembre, de dos de sus militantes que residen en el inmueble situado en la calle Lehendakari Agirre 82, Basauri. Según han anunciado los afectados y el sindicato, el desalojo es impulsado por el fondo buitre Cerberus, pese a que los residentes han planteado una alternativa de alquiler.
El acto ha reunido a decenas de vecinas, activistas de vivienda y representantes de Batu, que han reclamado públicamente una solución dialogada. En sus intervenciones, se ha señalado que Cerberus “se ha negado en todo momento a buscar un acuerdo”, optando en cambio por “llevar el lanzamiento judicial hasta el final”, aun con conocimiento de que los ocupantes carecen de alternativas habitacionales en el caso de que el desahucio se consume.
Los portavoces del sindicato han subrayado que el fondo buitre -una entidad con sede en Estados Unidos que ha participado de forma activa en la adquisición masiva de viviendas desde 2012- ha transformado el derecho a la vivienda en una mercancía. Según los datos citados, Cerberus y otros fondos de inversión han comprado más de 400.000 viviendas en todo el Estado, muchas procedentes de la SAREB, el denominado “banco malo” rescatado con dinero público.
El trasfondo del caso es significativo: a juicio de Batu, ni las leyes de vivienda ni los sucesivos gobiernos han logrado frenar el fenómeno de la especulación inmobiliaria, ni han protegido de forma efectiva a las personas que sufren la precariedad habitacional. En Basauri, se ha dicho, esta realidad se percibe a diario: subidas de alquiler por encima del 100 %, expulsión de jóvenes que no pueden emanciparse, proyectos urbanísticos que desplazan comunidades enteras.
Durante la rueda de prensa, los portavoces de Batu declararon con firmeza:
“Hoy estamos aquí contra los fondos buitre defendiendo la casa de nuestros compañeros. Pero vamos a seguir organizándonos, no nos vamos a rendir. … Cada casa organizada con el sindicato será una trinchera contra los abusos inmobiliarios.”
“Nos negamos a seguir empobreciéndonos pagando alquileres abusivos mientras los más ricos se siguen lucrando con el esfuerzo de nuestro trabajo.”
“Les decimos con firmeza: NO NOS VAN A PARAR. Continuaremos luchando por cada vecina, por cada barrio, por una vivienda para todos y todas.”
El caso de Basauri viene marcado además por la denuncia de puertas giratorias y conexiones entre las finanzas especulativas y la política: el sindicato recuerda que el hijo del expresidente José María Aznar ocupa un cargo ejecutivo en Cerberus, y que la ex alcaldesa de Madrid Ana Botella fue contratada por el fondo tras la venta de 1.860 viviendas públicas a otro fondo, Blackstone. Este tipo de vínculos, según Batu, evidencian que la vivienda deja de ser un derecho para transformarse en negocio.
Asimismo, el sindicato advierte que en Basauri se viven consecuencias concretas: jóvenes que no pueden emanciparse, inmigrantes a los que se les cobra por empadronarse, vecinas que se encuentran hacinadas o en pisos con condiciones indignas. Las administraciones locales, denuncian, han respondido con parches en lugar de soluciones estructurales.
Hasta el momento, no se ha comunicado públicamente que Cerberus haya aceptado entablar negociación alguna con los ocupantes del número 82 de Lehendakari Agirre. Fuentes de Batu reclaman la implicación del ayuntamiento de Basauri y del Gobierno vasco para garantizar una alternativa de realojo y paralizar el desahucio.
La convocatoria de hoy en Plaza Arizgoiti también sirvió como llamada a la solidaridad vecinal. Se animó a la ciudadanía a estar atenta y participativa ante el lanzamiento judicial programado, reclamando que ningún desahucio en Basauri quede sin visibilidad.
En resumen, la rueda de prensa de esta mañana pone en evidencia la tensión entre el negocio especulativo del fondo Cerberus y el derecho a la vivienda en Basauri, y plantea una batalla que va más allá de dos vecinos: es, según los convocantes, una cuestión colectiva de barrio, de juventud, de vecindario y de dignidad.

