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//Evelyn (Ecuador-Etxea) y su hija de 3 años sufren insultos racistas en el metro de Bilbao

Evelyn (Ecuador-Etxea) y su hija de 3 años sufren insultos racistas en el metro de Bilbao

“¡Es que estas se tienen que ir a sus putos países!”, fueron entre otros, los insultos que lanzó un hombre en bicicleta a varias mujeres y una niña por hacer valer su prioridad en un ascensor.

2025-04-15T21:01:38+02:0015 abril 2025|Reportajes|Comentarios desactivados en Evelyn (Ecuador-Etxea) y su hija de 3 años sufren insultos racistas en el metro de Bilbao

Por David BM

En el ascensor de la calle Iruña, lo que comenzó como una situación aparentemente trivial se transformó en un enfrentamiento lleno de tensiones y expresiones de odio racista que, lamentablemente, tuvieron como protagonistas a Evelyn, integrante de Ecuador-Etxea, y a su hija, de apenas tres años.

Una escena desagradable en el ascensor

La tarde transcurría con normalidad cuando, en el ascensor del metro de Deusto (Bilbao), Evelyn subía en cochecito junto a su hija y una señora latina. La situación dio un giro inesperado cuando un hombre llegó empujándose en bicicleta y, de forma abrupta, dijo: “Saca el coche porque quiero meter la bicicleta”.

Ante esta solicitud, Evelyn replicó que tenían prioridad, a lo que otra pasajera que ya se encontraba dentro insistió: “Si yo ya estaba adentro, ¿por qué voy a salir para que tú metas la bicicleta?”. La conversación no tardó en escalar. El agresor replicó: “Ya, ya, ya sé que tienes prioridad, pero quiero meterte la bicicleta, así bajamos todos”, mientras otra mujer mayor intervenía en el debate con un rotundo “no, es que no, no”.

La escalada del enfrentamiento

La situación se agravó rápidamente. El hombre alzó la voz, y tras la entrada de la señora mayor al ascensor, la tensión alcanzó su punto álgido. El agresor, con tono autoritario, declaró: “ah, pues entonces yo meto la bicicleta” y, sin esperar consentimiento, forzó la bicicleta en el interior del ascensor. Esto empujó el cochecito de la niña hacia el fondo, mientras el agresor vociferaba: “¡es qué sois tontas!”. La señora mayor insistió en que “el cochecito tiene prioridad” y añadió: “¿para qué van a salir ellas y si ya están dentro, si tienes que esperar tú?”.

En ese momento, mientras la discusión se volvía más caótica, el hombre comenzó a elevar aún más el tono: “estas no entienden, es que estas… estas no entienden, cuando se les dice las cosas”. Fue entonces cuando Evelyn, con la firmeza que la caracteriza, le reclamó: “a ver, a mí me hablas con respeto que yo no te estoy faltando el respeto”. Sin embargo, el agresor siguió justificando su actitud: “con lo fácil que hubiera sido que te salgas y saques el coche”.

La confrontación alcanzó su punto crítico cuando el hombre, ya desbordado, lanzó la sentencia que delató su carácter racista lleno de desprecio e intolerancia: “es que estas se tienen que ir a sus putos países”. En ese preciso instante, el ascensor arribó a la planta del metro. La tensión se prolongó hasta que una persona encargada en la ventanilla intervino para hacer valer las normas: y recordarle que “los cochecitos y las personas mayores o con movilidad reducida entran primero, y la bicicleta no tiene prioridad”.

Intervención y respaldo ciudadano

Mientras el agresor seguía gritando y justificando sus acciones, la señora latina ayudó a Evelyn a liberar el espacio en el ascensor, permitiéndole salir junto a su hija. Desde la ventanilla del metro, la intervención de la autoridad dejó en claro el reglamento de uso: la prioridad no se discutía. Aun así, el hombre se limitaba a quejarse y a escupir insultos, mientras la situación era presenciada con incredulidad por los demás usuarios.

Una lección para la convivencia

El episodio vivenciado en el ascensor del metro de Deusto, más allá del conflicto específico, deja una serie de interrogantes sobre el respeto mutuo en espacios públicos. La experiencia de Evelyn y, especialmente, la de su hija, quien tuvo que oír insultos racistas, resulta desagradable y plantea la necesidad de reforzar una educación basada en la empatía y el respeto. La agresión verbal y el rechazo a normas simples y cotidianas evidencian un problema social profundo que urge ser atendido para garantizar la seguridad y dignidad de todos los ciudadanos.

Aunque el incidente se resolvió con la intervención de terceros y la reiteración de las normas del metro, el recuerdo de aquellos momentos difíciles permanecerá en quienes lo vivieron. Este suceso invita a reflexionar sobre cómo pequeñas acciones pueden generar grandes impactos y refuerza la importancia de trabajar en la erradicación de cualquier forma de discriminación.

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