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“Cuidar y sembrar la tierra es más que una labor, es un acto político”

Mujeres campesinas de la UAWC y la UNAC participaron en el conversatorio organizado por Bizilur para explicar la represión a la que se enfrentan las familias de Palestina y Mozambique.

2022-10-24T08:48:27+00:0024 octubre 2022|Campesinas, Mozambique|Sin comentarios

Por: Laura Fontalba

La tarde del jueves, Bizilur organizó un conversatorio en el que participaron mujeres de la UAWC, Unión de Comités de Trabajo Agrícola de Palestina; y la UNAC, Unión Nacional de Campesinos de Mozambique. El evento comenzó con una mística; una oración habitual para dar paso a todas las reuniones de vida campesina, que simboliza la espiritualidad y la conexión entre las personas presentes en el lugar y los temas a tratar con la naturaleza, la tierra, las semillas y la puesta del mundo en el centro.

Waheeba Shamnali y Mariam Mousa fueron las encargadas de representar a la UAWC; y Flaida Jose Macheze vino en nombre de la UNAC. Ambas organizaciones comparten los mismos objetivos: la defensa de la libertad y la justicia en sus tierras; proteger las semillas locales y luchar por los derechos de todas las familias campesinas.

La UAWC se fundó en el año 1986 para luchar por los derechos de las campesinas y por la soberanía alimentaria. Se organizan en asociaciones de mujeres y tratan de sensibilizar a las jóvenes para que hereden la resistencia de sus ancestros. En su lucha, resisten a las opresiones en dos líneas: activismo de resistencia a la ocupación israelí; y activismo interior y fortalecimiento de las mujeres en sus comunidades, con el fin de mejorar los derechos de las mujeres en todos los ámbitos, educación y salud públicas, herencia, etc. Una labor que actualmente ejercen en clandestinidad a causa de la ocupación israelí.

Waheeba-Shamnali

Shamnali es presidenta de varias asociaciones benéficas en Palestina e integrante de otras relacionadas con la tierra y la agricultura. Mousa también participa activamente en la Vía Campesina; es la coordinadora de su zona y activista por los derechos de la mujer palestina. Ambas representan a la mujer palestina porque la consideran una mujer fuerte y responsable, tanto fuera como dentro del hogar; y que, en muchas ocasiones, actúa como madre y padre al mismo tiempo.

Estas mujeres relacionan la participación en organizaciones agrícolas con el sentimiento de unión a la tierra. Son abogadas y defensoras de los campos palestinos. Defensoras de una tierra que también representa su economía; cuyas cosechas son expropiadas, en numerosas ocasiones, por personas ajenas, como el ejército israelí. Una situación violenta que, además de a su economía, afecta a la educación, la salud, la vida cotidiana, e incluso a sus responsabilidades familiares. “El trabajo agrícola ha empoderado mucho a las mujeres, porque gracias a ello han iniciado sus propios negocios y comercios. Aunque, para mantenerlos, la mujer palestina tiene que resistir a los retos y desafíos que existen en sus tierras por parte del gobierno israelí”, explicó Shamnali. Para Mousa, cuidar y sembrar la tierra es más que una labor, es un acto político, pues cuidar implica proteger el territorio: “Es lo que nos motiva a defender libertad y justicia en esta tierra”.

Mariam-Mousa

Actualmente, hay 168 mujeres detenidas y 20 niñas encarceladas por “resistir a la dictadura a la que están sometidas”. Mousa siente la obligación de apoyar y ayudar a todas aquellas mujeres que sufren porque las han separado de sus hijas e hijos, porque han asesinado ante ellas a sus familiares, porque tienen allegados en prisiones, detenidos y haciendo huelgas de hambre hasta el punto de alcanzar la muerte.

Mousa considera que esta lucha es la mayor resistencia ante un aparato de poder colonialista; y, al mismo tiempo, una de las luchas menos visibilizadas: la de la mujer palestina. «Mientras yo estoy aquí dando esta charla, la sangre Palestina de mujeres, niños y de toda la población civil, se sigue derramando. Seguimos resistiendo y seguiremos resistiendo», aseguraba con una mezcla de rabia y orgullo.

La UNAC, fundada en 1987 y registrada en 1994, nació para contraponerse a las políticas neoliberales que se estaban introduciendo en Mozambique. En una época en la que la importación de alimentos era fundamental en el país, quienes ya trabajaban la tierra se organizaron y crearon una plataforma para garantizar alimentos y derechos a los campesinos. Actualmente, más del 50% de sus integrantes son mujeres. Se asocian y colaboran con otras organizaciones. Aliadas se fortalecen para que las luchas avancen. Ofrecer información clara a la población es uno de sus principales objetivos; porque aunque existen las leyes, la mayoría de mujeres no saben atenerse a estas por desconocimiento. De ahí la existencia de los círculos de estudio; hogueras feministas en las que traspasar los conocimientos de unas a otras con el fin de ser capaces de denunciar cualquier violencia.

Flaida-Jose-Macheze

Flaida Jose Macheze, junto a otras muchas personas, lucha porque todas puedan tener un trozo de tierra en el que producir y proteger sus semillas locales. Aunque el objetivo no es sólo producir, sino luchar contra el agronegocio, y por la libertad de cosechar y consumir lo que cada uno quiera. “La comida no solo alimenta, también cuida al cuerpo; puede ser medicinal. Las familias campesinas merecen una vida saludable”, explicaba.

También reivindican el derecho a que cada productor pueda escoger sus precios en el mercado; un objetivo al que precede la reivindicación de la mejora de infraestructuras. Según Macheze, la vida en el medio rural implica la falta de energía, de carreteras y la dificultad para transportar sus cosechas a las ciudades más próximas.

La defensa de los derechos de las mujeres también se considera un tema crucial en África. De hecho, es habitual que muchas familias se compongan de 20 o 30 personas viviendo en la misma casa, a expensas de ayudas que son escasas. Esto se debe a que son los maridos quienes deciden la vida reproductiva de sus mujeres. La alta natalidad aumenta las migraciones a las ciudades en busca de alternativas mejores, pero sin ninguna garantía. Las mujeres llegan a optar por la prostitución como sustento. La guerra en la zona norte del país no facilita esta situación. “Todos los días hombres son decapitados y sus mujeres lo presencian. Las devuelven a las aldeas para contarlo y generar traumas y violencia. Lo hacen para evitar que los campesinos migren a las ciudades”, lamentaba Macheze. Desde UNAC, tratan de buscar alternativas que ofrezcan a las mujeres campesinas una vía mejor, como la prestación de tierras en las que cosechar. Por desgracia, tal y como explicaba, la represión es tan grande que una sola reivindicación en redes sociales implica amanecer con blindados ante sus hogares. De la misma forma, el derecho a manifestarse también está vulnerado. “Nuestras políticas son viejas, lindas y bonitas, traen todo aquello que a la mujer le gustaría ver, el problema es que se quedan en el papel”, explicaba.

La situación de las mujeres campesinas en Palestina y Mozambique está repleta de vulneraciones. “Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza”, recitaba Macheze. Un lema que simboliza la importancia de la unión y el apoyo como medio para alcanzar unos derechos que, además de esenciales, les pertenecen.

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