Por DavidBM
Bilbao, 8 febrero 2026 – La ciudad lamenta la muerte de Argi Otsoa de Txintxertru, activista histórica vinculada a múltiples iniciativas sociales y de defensa de los derechos humanos. Falleció el pasado 5 de febrero, tras años conviviendo con una enfermedad grave que decidió llevar en silencio, sin concesiones ni victimismo, y manteniendo hasta el final una intensa actividad militante y vital.
Quienes la conocieron coinciden en subrayar que Argi nunca aceptó un final impuesto. Consciente de su diagnóstico desde hacía tiempo, optó por ignorarlo y seguir haciendo planes de futuro, transmitiendo a su entorno que se encontraba bien y evitando cualquier trato diferenciado por su estado físico. “Nunca quiso dar pena ni recibir concesiones”, recuerdan sus amistades más cercanas.
Militante incansable, formó parte de plataformas como Ongi Etorri Errefuxiatuak y del movimiento La Guerra Empieza Aquí, desde donde participó activamente en campañas de denuncia contra el comercio de armas y la responsabilidad de los países europeos en los conflictos armados. Su implicación fue especialmente visible en la difusión del documental homónimo dirigido por su compañero Joseba, con quien recorrió durante años Euskal Herria y otros territorios presentando el trabajo como una herramienta de concienciación y compromiso, más allá de lo audiovisual.
Entre sus múltiples iniciativas, destacó su papel decisivo en el recibimiento al buque de rescate Aita Mari en Bilbao, una movilización que impulsó casi como un empeño personal y que logró involucrar a colectivos sociales, culturales y vecinales de la ciudad. También fue clave en el seguimiento de un barco que transportaba armas con destino a Israel desde el puerto de Zierbena, una investigación ciudadana que dio origen al citado documental.
Argi participó además en proyectos de apoyo material directo, como el almacén de ropa solidaria de Santutxu, donde coordinó durante años la recogida, transporte y organización de ayuda. Muchas de esas tareas las realizaba en su inseparable Renault 4L, convertido casi en símbolo de su activismo cotidiano, cargado de ropa y recorriendo barrios y pueblos con una meticulosidad que contrastaba con su carácter indomable.
Más allá de las causas colectivas, hacía suyos los problemas de las personas cercanas, implicándose personalmente en resolver dificultades ajenas con recursos propios. Quienes compartieron viajes, reuniones y movilizaciones con ella la describen como una fuerza de la naturaleza, intensa, incómoda a veces, imprevisible, pero siempre honesta y situada “en el lado correcto”. En su camiseta y en su forma de vivir repetía una convicción que guiaba toda su acción: “nadie vale más que nadie, inor ez da ilegala”.
Argi tenía también el don de incomodar cuando era necesario, de exigir un paso más, de no aceptar excusas, sin renunciar por ello a la risa, la ironía y una enorme capacidad para celebrar la vida incluso en los momentos más difíciles. “Defender los derechos humanos no era para ella una consigna, sino una forma de estar en el mundo”, resumen quienes la acompañaron durante años.
La noticia de su fallecimiento ha provocado una oleada de mensajes de condolencia desde colectivos sociales y personas a título individual. Entre ellos, el mensaje: “Zelako pena handixe! Agur Argi! Zuk hasitakoa jarraituko dogu. Besarkada handixe familia ta hurbileko lagunentzako”, o el sencillo pero elocuente “Lo siento un montón, una gran mujer”.
Su ausencia deja un vacío profundo en el tejido social bilbaíno y vasco. Pero también una herencia de compromiso, coraje y ternura que, como recuerdan sus amistades, seguirá viva en cada gesto que no se resigna. Argi Otsoa no se va del todo: permanece en presente.
Leave A Comment