Por David BM
Varios colectivos vecinales y ecologistas —Ekologistak Martxan, Aldai Auzo Elkartea, STOP Subfluvial y Subflubiala EZ!— han hecho público su rechazo frontal a la solicitud de modificación de la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) del proyecto Subfluvial de Lamiako. Lo denuncian como un intento de reintroducir prácticas ya vetadas por su elevado impacto ambiental y social, como el uso de voladuras en la excavación del túnel y la construcción del viaducto de Ballonti (EST-06).
Estas dos actuaciones, explican los grupos firmantes, fueron excluidas de la DIA inicial debido a los daños que podían causar en el entorno y en la salud de la población. Sin embargo, el promotor del proyecto ha vuelto a plantearlas bajo el argumento de “mejoras técnicas”, algo que los colectivos califican directamente de “fraude a la normativa ambiental”.
Riesgos innecesarios con explosivos
Una de las principales críticas se centra en el uso de voladuras en el túnel, a pesar de que los propios estudios geotécnicos del promotor reconocen que todo el trazado podría excavarse con métodos mecánicos como rozadoras. Según denuncian, la opción por los explosivos responde únicamente a intereses económicos y de reducción de plazos, ignorando los posibles daños a estructuras cercanas, la alteración del nivel freático y los riesgos para la salud.
Los cálculos oficiales subestiman el impacto real: el promotor basa sus proyecciones en cargas de 1 kg de explosivo, cuando en realidad se utilizarán entre 2,47 y 6,18 kg, lo que invalida cualquier estimación sobre ruido o vibraciones. Además, en zonas como el IES Artaza-Romo y viviendas colindantes, se superarían los 100 días al año de vibraciones por encima de los límites legales, alcanzando niveles sonoros de hasta 85 dB (muy por encima de los 35 dB recomendados para zonas sensibles).
Lejos de evitar las molestias, el proyecto propone medidas que los ecologistas califican de “insultantes”: hacer voladuras fuera del horario lectivo, avisar a los vecinos con antelación y solicitar una suspensión temporal de los límites de ruido. Todo ello, mientras no se menciona el riesgo por partículas en suspensión (PM2.5), altamente peligrosas para la salud respiratoria.
El viaducto de la discordia
El segundo foco de conflicto es la construcción del viaducto en la Vega de Ballonti, de más de 300 metros, una estructura ya rechazada en la DIA original por su escasa utilidad, su alto impacto ambiental y su contradicción con los principios de sostenibilidad.
El viaducto, afirman, afectaría directamente a los últimos espacios verdes de una zona ya saturada por infraestructuras, y no se ha tenido en cuenta el impacto acumulado con otras obras en la margen izquierda del Nervión. Además, sostienen que esta infraestructura fomenta el uso del vehículo privado frente a alternativas de movilidad sostenible.
Falta de transparencia y demandas
Los colectivos critican también la opacidad del proceso administrativo, ya que muchos de los que presentaron alegaciones en la fase pública de la DIA no han sido informados de la nueva solicitud de modificación, como exige la ley.
Ante esta situación, exigen que se rechace la modificación planteada, se elabore una nueva Declaración de Impacto Ambiental completa y se paralice el proyecto hasta realizar un estudio integral de movilidad en la zona. También piden proteger el humedal de Lamiako, el parque de Artaza y la Vega de Ballonti-Galindo, así como evaluar a fondo los efectos sobre la salud en entornos urbanos densos y educativos.
En palabras de los convocantes:
“El promotor pretende hacer trampa al sistema: reintroducir voladuras y un viaducto ya rechazados, sin estudios detallados y a costa de la salud de la población. Exigimos que se aplique la ley y se priorice el bien común sobre los intereses económicos”.