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//Pensionistas acusan al Estado por la masacre del 3 de marzo y exigen asumir responsabilidades

Pensionistas acusan al Estado por la masacre del 3 de marzo y exigen asumir responsabilidades

Cinco décadas después, reclaman reconocimiento oficial y reparación para las víctimas.

2026-03-02T20:39:49+01:002 marzo 2026|Reportajes|0 Comments

Por DavidBM

Bilbao, 2 marzo 2026 – Las escalinatas del Ayuntamiento de Bilbao han vuelto a convertirse este lunes 2 de marzo en altavoz de memoria y reivindicación. El Movimiento de Pensionistas de Euskal Herria ha unido en una misma concentración dos ejes que atraviesan su trayectoria: el 50 aniversario de la masacre obrera del 3 de marzo de 1976 en Vitoria-Gasteiz y la inminente movilización del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres.

Cinco décadas después de que la Policía Armada cargara contra trabajadores en huelga reunidos en la iglesia de San Francisco de Asís, con el resultado de cinco obreros asesinados y decenas de heridos de bala, el colectivo ha sido contundente: “Reclamamos al Gobierno de España que se reconozca la responsabilidad principal y directa del Estado en los crímenes perpetrados en Vitoria-Gasteiz el 3 de marzo de 1976”.

Los pensionistas han subrayado que aquella masacre fue “la punta de lanza del iceberg de una estrategia represiva que torturó y asesinó a cientos de personas después de la muerte de Franco”, y han vinculado su lucha actual por pensiones dignas con la defensa histórica de las libertades democráticas. “Muchas de las personas que hoy somos parte del movimiento tuvimos en 1976 un protagonismo directo luchando por mejoras laborales y por las libertades. Hoy seguimos luchando por pensiones dignas y justas para todas”, han recordado.

El mensaje no se ha quedado en la evocación histórica. El colectivo ha reiterado su exigencia de Verdad, Justicia, Reparación y garantías de No Repetición para todas las víctimas de la violencia de Estado, en un contexto en el que los actos del 50 aniversario del 3 de marzo han reabierto el debate político e institucional sobre el reconocimiento de responsabilidades.

Un 8 de marzo “más allá de las celebraciones”

La concentración también ha servido para lanzar su posicionamiento de cara al 8 de marzo. Bajo el lema “El 8 de marzo, y todos los días, las mujeres pensionistas en lucha por una vida digna”, el movimiento ha llamado a convertir la fecha en “una jornada de lucha activa y colectiva, yendo más allá de las celebraciones”.

El diagnóstico es claro: “Miles de mujeres pensionistas cobran pensiones de miseria, muy inferiores al salario mínimo interprofesional”. A ello suman la denuncia de la negativa del Parlamento Vasco -con los votos del PNV, PSE y VOX- a debatir su propuesta de complementar las pensiones mínimas hasta el SMI, respaldada por más de 145.000 firmas.

El colectivo también ha puesto cifras a la desigualdad: la brecha de género en las pensiones se situaba a finales de 2025 en un 28% en la CAV y en un 32% en Navarra. Datos que, según han señalado, evidencian que el sistema sigue castigando trayectorias laborales marcadas por la precariedad y los cuidados no remunerados.

Ante este escenario, las reivindicaciones son concretas:

  • Un Salario Mínimo Interprofesional propio de 1.500 euros y que las pensiones mínimas -percibidas mayoritariamente por mujeres- se equiparen a esa cuantía en la CAV y Nafarroa.
  • Un sistema público, universal y de calidad de cuidados, que deje de estar regido por la lógica del negocio y cuente con participación social en su desarrollo y control.

El Movimiento de Pensionistas ha llamado a secundar las movilizaciones feministas convocadas en pueblos y capitales de Euskal Herria este 8 de marzo -a las 12:00 en Bilbao (Sagrado Corazón), Donostia (túnel del Antiguo) e Iruña (Antoniutti), y a las 12:30 en Gasteiz (Plaza San Antón)- y a apoyar la huelga general anunciada para el 17 de marzo.

El cierre ha sido inequívoco: “¡Mujeres pensionistas, aurrera! Desde el feminismo, ¡otro mundo es posible!”. Medio siglo después de los disparos en Gasteiz, la generación que los vivió en primera línea insiste en que la memoria no es un ejercicio de nostalgia, sino una herramienta política. Y que la dignidad -entonces y ahora- sigue en disputa.

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